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Durante años, muchas organizaciones diseñaron sus espacios de trabajo pensando en un perfil estándar. Sin embargo, la evolución de los modelos híbridos ha puesto de manifiesto una realidad cada vez más evidente: las personas utilizan la oficina de formas distintas y esperan experiencias diferentes de ella.
El estudio La Revolución del Workplace: Reimaginando la presencia revela que, aunque existe un amplio consenso sobre el valor de la flexibilidad, las expectativas sobre el espacio de trabajo son cada vez más diversas. Un mismo entorno debe ser capaz de facilitar la concentración, impulsar la colaboración, fomentar la conexión social, apoyar el bienestar y reflejar los valores de la organización.
La pregunta ya no es cuántas personas acuden a la oficina, sino qué necesitan cuando están allí.
La oficina ya no tiene un único significado
Segmentar únicamente por edad, función o nivel jerárquico resulta insuficiente para comprender cómo viven las personas el workplace. Dos profesionales con responsabilidades similares pueden tener expectativas completamente distintas sobre el mismo espacio.
Según el análisis realizado, las diferencias no vienen determinadas únicamente por quiénes son las personas, sino por cómo son y por qué deciden acudir al lugar de trabajo. Diseñar pensando en una persona "promedio" puede generar fricciones que, con el tiempo, afectan a la experiencia, la motivación y el compromiso.
Cuatro perfiles con necesidades diferentes
El estudio identifica cuatro perfiles que representan distintas motivaciones para acudir al espacio de trabajo. No se trata de roles laborales ni de generaciones, sino de expectativas y necesidades concretas relacionadas con la experiencia del workplace.
1. Quienes buscan rutinas estables. Para este perfil, la oficina representa previsibilidad, estructura y confianza. Valoran contar con espacios familiares, procesos claros y acceso fiable a los recursos que necesitan para desarrollar su trabajo. Para estas personas, la fiabilidad es más importante que la variedad.
2. Las personas visitantes intencionales. Acuden a la oficina de manera selectiva para colaborar, conectar con otras personas, aprender y compartir experiencias. Para ellas, espacios colaborativos, reuniones eficaces y una mayor visibilidad sobre quién estará presente son elementos clave para que la jornada merezca realmente la pena.
3. Quienes necesitan concentración absoluta. Para algunas personas, la oficina es el mejor lugar para lograr una concentración profunda. Buscan entornos tranquilos, con control acústico y mínimas interrupciones, que les permitan avanzar en tareas complejas. Los espacios excesivamente abiertos, el ruido o las distracciones constantes pueden afectar negativamente a su experiencia.
4. Quienes se guían por los valores. Este perfil evalúa su experiencia a través del propósito. Aspectos como la sostenibilidad, la inclusión, la accesibilidad o la autenticidad de las acciones corporativas influyen directamente en su percepción del workplace. Para estas personas, los valores deben ser visibles y formar parte de la experiencia cotidiana.
El reto para las organizaciones: diseñar para la diversidad
La coexistencia de estas necesidades demuestra que un único modelo de oficina ya no es suficiente. Un espacio que favorece la interacción constante puede resultar inspirador para unas personas y agotador para otras. Del mismo modo, una zona de silencio puede impulsar la productividad de determinados perfiles mientras no responde a las necesidades de quienes buscan colaboración o conexión.
Por ello, las organizaciones más avanzadas están evolucionando hacia enfoques que combinan diferentes tipos de experiencias dentro de un mismo ecosistema de trabajo. El objetivo no es encontrar una solución única, sino ofrecer opciones que permitan a cada persona desarrollar su actividad en las mejores condiciones posibles.
Diseñar experiencias, no solo espacios
Desde la planificación de la jornada hasta la llegada al edificio, las reuniones, las zonas de colaboración o los servicios ofrecidos, la experiencia del workplace se construye a través de múltiples momentos conectados. En ISS denominamos a estos puntos de contacto "touchpoints".
Cuando esos momentos se diseñan de forma intencional, el workplace deja de ser un lugar físico para convertirse en un entorno capaz de impulsar la productividad, fortalecer la cultura corporativa y generar sentido de pertenencia.
Porque el futuro de los espacios de trabajo para por ofrecer experiencias capaces de responder a distintas formas de trabajar, colaborar y prosperar.
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